La hereje climática

Cantan victoria nuestros compañeros de Desde el exilio porque Scientific American, la prestigiosa revista científica, había dado cabida (¡por fin!) a un artículo que no refuerza las tesis machachonas del IPCC y los ecologistas sobre el calentamiento global. Se trata de un reportaje sobre Judith Curry, una mujer que osó intercambiar opiniones con los escépticos hasta convertirse en uno de ellos.

El artículo contiene un 20% de ciencia (el porcentaje es metafórico, no me toméis por un ex director de Greenpeace) y un 80% de política. Ceden la palabra a Judith Curry para que explique cómo perdió la fe en el IPCC en un reportaje que lleva por nombre Hereje climática: Judith Curry se vuelve contra sus compañeros

Curry, que habitualmente concedía validez a unos argumentos teóricamente tratados con mimo descubrió que los niveles de exigencia con los alarmantes argumentos de las teorías ecologistas no eran los mismos dentro que fuera del IPCC:

“No digo que la ciencia del IPCC fuera falsa, pero me dejé de sentir obligada a anteponer sus opiniones a las mías”.

¿Pero cuáles son las ideas de Judith Curry? Uno de los conceptos más interesantes y más obviados es el de los unkown-unknowns: los desconocidos-desconocidos.

Los datos meteorológicos con los que se cuentan son escasos, están dispersos, son poco fiable, y la cosa sólo empeora cuanto más atrás en el pasado se intenta estudiar. Los modelos de predicción son insuficientes e imperfectos. A eso hay que añadirle que lo más importante, los factores que probablemente determinen el cambio del clima en la tierra, son desconocidos. Imponderables.

Por esgrimir estos argumentos, Judith Curry ha sido durante mucho tiempo una paria. Y, a pesar de las apariencias, la revista Scientific American ni siquiera la absuelve de los cargos.

El artículo se pregunta si Judith Curry es una ‘pacificadora’ que trata de poner en común teorías o una ‘ingenua’ al servicio de los argumentos mentirosos de otros. “Probablemente ambos”, concluye el autor del reportaje.

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8 respuestas a La hereje climática

  1. Anónimo dijo:

    No voy a entra en discusiones sobre la veracidad o falsedad del Cambio Climático, pero digo yo… ¿qué tendrá de malo reducir las emisiones? ¿Que dejaremos de respirar tantas porquerías con el aire? ¿O es que acaso esas tampoco son nocivas? No me jodas, hay mil razones más para reducir las emisiones, si no te gusta el cambio climático, coge otra, pero reduzcámoslas ya!

  2. No criticamos las iniciativas para reducir las emisiones, ni negamos el cambio climático. Criticamos que los grupos ecologistas pasan como Atila por el debate climático, el debate energético, el debate de las emisiones…

    De acuerdo: reduzcamos las emisiones ya. ¿Cómo?

  3. dustin dijo:

    @dictaduraverde, antes o después te darás cuenta de que las emisiones se van a reducir, lo queramos nosotros o no, simplemente porque serán los combustibles fósiles los que se “reduzcan”, mucho antes de lo que alguno se piensa. El último movimiento de tu amigo Aznar tiene mucho más que ver con esto que con el cambio climático.

    Lo verdaderamente lamentable es el hecho de que, en ausencia de alternativas para mantener la situación actual, vamos a quemar todo lo quemable con lo que, sean cuales sean las consecuencias, tendremos que convivir con ellas.

    Tengo poca fe en que la reducción de las emisiones se haga de manera voluntaria precisamente porque la única vía para ello es la reducción del consumo en general y aceptar que debemos vivir con menos…

    • El problema es que eso de ‘aceptar vivir con menos’ es algo que se pretende imponer desde un Occidente opulento al que ahora le ha entrado la prisa por ser más responsable. Comparto con Aznar la necesidad de encontrar una manera de no quemar el planeta que sea respetuosa con los países emergentes y la economía mundial.

      El único enfoque posible es el económico. Puedes llamarlo cochino interés, sucio dinero o lo que quieras, pero es así.

  4. dustin dijo:

    Sin ánimo de ofender, noto cierta hipocresía en tus argumentos. Nuevamente utilizas el argumento de mejorar el nivel de vida de los países emergentes para justificar tu negativa, como ciudadano occidental a considerar, siquiera, la posibilidad de vivir con menos… Por cierto, que el problema no son tanto los emergentes como los que aún no están ni emergiendo… pon nombres a unos y a otros y piensa un poco en ello.

    No es un problema tuyo, al contrario, es algo muy habitual en el discurso que abrazas porque, aunque ahora te cueste creerlo, muchos de los argumentos que crees que provienen de tu propio juicio crítico en realidad han sido “implantados” por la corriente en la que estás inmerso. Es exactamente igual que lo que ocurre en el lado contrario, solo que tú no te das cuenta. Sustituye “el medioambiente” por “la libertad” y, con el tiempo, llegarás a ver que cada grupo explota su propia idea noble de la misma manera.

    Desde tu óptica, en realidad, interesa ser respetuoso con los emergentes para que sigan siendo las minas y fábricas de productos baratos con los que satisfacer las ansias de consumo masivo y barato de occidente, algo que nada tiene que ver con su desarrollo, aunque este último objetivo es, obviamente, mucho más noble y se vende mejor (por cierto, prepárate para actualizar el mantra ya que parece que alguno se está empezando a mosquear con los emergentes).

    Con lo del enfoque económico tendrás que ser un poco más específico ya que, “economía” puede ser cualquier cosa. Supongo que en tu caso que te refieres a economía de mercado, mercados libres y globalizados, al crecimiento económico basado en el incremento exponencial e infinito del PIB… En cualquier caso, te sugiero que leas tu última frase detenidamente, pensando que la ha escrito otro, si quieres. Verás que tu invitación al debate abierto es muy similar a la de los que tanto criticas, como Atila. Ni siquiera contemplas la posibilidad de que haya otro “enfoque económico” y crees que esas dos palabras expresan perfectamente tus ideas.

    Dime, ¿cómo piensas que los países emergentes y, sobre todo, los que aún no son ni emergentes, podrán seguir sufragando su desarrollo cuando el petróleo vuelva a superar los 100 dólares por barril? ¿y cuándo supere los 150? Porque esto es exactamente lo que ocurrirá si esta (supuesta) crisis económica remonta y llega el momento en el que (que llegará) la oferta y la demanda de petróleo no se ajusten y, ni siquiera, la pujanza al alza de los precios incida en un incremento de oferta. ¿Quién crees que se llevará el producto, los países subdesarrollados, los países en vías de desarrollo, los emergentes o el primer mundo? Más aún, ¿cuánto tiempo crees que nuestra economía soportaría esos precios?

    Para refrescarte la memoria te diré que la última vez que el precio del barril rozó los 147 dólares fue en julio de 2008. Un par de meses después empezamos a hablar de crisis… financiera. Repásate la evolución del precio del crudo durante la primera mitad de 2008 así como la oferta y demanda. Pregúntate cómo es posible que estando los precios en máximos históricos y subiendo llegase a haber un 2% de órdenes de compra no satisfechas por falta de oferta. Quizá encuentres algo que haga tambalearse los cimientos de tu profunda creencia en el todopoderoso “enfoque económico”.

    En cualquier caso, tu propuesta es, simplemente, que “es necesario encontrar una manera…”, es decir, nada concreto, como Aznar. Posiblemente te sorprenda saber que hay gente que sí está haciendo propuestas concretas que, además, están fuera de la esfera del ecologismo que tanto criticas y que, de paso, proponen mecanismos para facilitar el desarrollo de los países subdesarrollados en un contexto de “sálvese quien pueda”. Un ejemplo, busca información sobre el Protocolo de Uppsala.

    • Tu comentario me obliga a enunciar de manera más clara mis motivos: este blog lleva por título ‘el blog ecológicamente incorrecto’ porque pretende ser una china en el ojo del discurso y los métodos ecologistas imperantes. En todo el mundo y en España en particular los argumentos del ecologismo son demasiado simples y se permiten el lujo de superar sin esfuerzo la criba del sentido común o el sentido crítico de la prensa mayoritaria y de la opinión pública. Las personas que no casan con las ideas (únicas) verdes están perfectamente señaladas por su ‘negacionismo’ e irresponsabilidad. Véase Aznar, véase Jorge Alcalde en España.

      Si encuentras hipocresía en mis argumentos será quizá porque no has entendido (o no he sabido expresar) que mi intención no es tanto abogar por una solución perfecta, sino señalar que hay OTRAS vías posibles distintas a las del discurso verde. No creo que estemos inmersos en una corriente. Más bien, si hay una corriente en la que encajamos esa sería la corriente crítica hastiada. La mayoría de las veces, por cómo está configurado el discurso en este país, las ideas de Dictadura Verde encajarán con enfoques de economía liberal, pero si recuerdas (creo que has echado un buen vistazo al blog), hemos citado también un estudio sobre biocombustibles apadrinado por Greenpeace. No estamos casados.

      Conozco el Protocolo de Uppsala, y sobre el tema del ‘enfoque económico’ reconozco que mi visión se ciñe como dices a una economía de mercado. Qué alternativa real sugieres? Qué otra vía abierta y posible existe?

      • dustin dijo:

        Gracias por aclararlo. Creo que ya entendía perfectamente tus motivos, y, de hecho, los comparto a cierto nivel… como puedes ver, también soy difícil de etiquetar y casado con nadie.

        Lo que intentaba resaltar era que tus métodos para criticar sus métodos resultan ser iguales y es ahí donde encuentro la hipocresía, no en la falta de soluciones pues parece que no estamos precisamente sobrados de (buenas) soluciones.

        Utilizas argumentos igual de simples que buscan tocar cierta fibra sensible (distinta, pero igual) para aniquilar el espíritu crítico del lector a la vez que estableces tildas directamente y sin justificación ni razonamiento alguno a quien quiera que abogue por el ecologismo (en general, sin pararte a pensar en las opiniones en particular) de otros calificativos demoníacos mientras estableces comparaciones directas e infundadas entre esas ideas y las peores que se te ocurren para impactar de manera contundente en tu audiencia (tu primer post es desde luego toda una declaración de métodos e intenciones).

        De esta forma, la mayoría de las veces, sino todas, tus planteamientos coinciden plenamente con los enfoques de la economía liberal, pero no precisamente por cómo está configurado el país, sino porque el sector neoconservador ha instrumentalizado así su discurso y consigue que muchos piquen.

        Lo que intento decirte es que las relaciones directas que damos por supuestas, tanto en un lado como en otro, son infundadas y no existe un motivo racional que las justifique. La ruptura del nexo racional entre argumento y conclusión es el mayor éxito de ambas facciones para movilizar a su público objetivo. Sin embargo, la motivación de fondo, en mi opinión, difiere enormemente de los argumentos.

        Hacer esto conscientemente puede ser más o menos ético. El problema es que se haga inconscientemente, dando por buenas las razones equivocadas y las relaciones infundadas para defender un objetivo distinto al que se cree que se está apoyando.

        De forma simplificada: preservar significa hacer un uso racional imponiendo limitaciones. Los liberales ven en cualquier limitación un ataque a los fundamentos básicos del crecimiento y la creación de riqueza al máximo ritmo posible, ergo, atacan sin piedad a quien plantea la preservación. De igual manera los ecologistas ven en el crecimiento y la creación de riqueza un ataque al medio ambiente de forma que quien crea riqueza destruye el planeta, ergo, atacan sin piedad a la economía liberal.

        Yo me pregunto, ¿es posible algún punto intermedio? ¿no será que nos estamos equivocando al definir “crecimiento” y “riqueza”?

        Ahí me posiciono yo, en la búsqueda de ese punto intermedio. La economía de mercado y la óptica liberal no me desagrada. Lo que creo que tenemos equivocados son nuestros sistemas de medida de la riqueza, el progreso y bienestar. Ajustando éstos la economía de mercado puede ser una herramienta muy poderosa, siempre y cuando no antepongamos la defensa de “la herramienta” a la de “las personas” presentes y futuras, con todo lo que esto implica en cuanto a sostenibilidad bien entendida. La herramienta es sólo una herramienta y en mi opinión no debe convertirse en argumento moral.

        Alternativas abiertas y reales hay unas cuantas que se basan, precisamente, en la redefinición del modelo de crecimiento y creación de riqueza… sigue en el siguiente comentario para no alargar más éste.

      • dustin dijo:

        Para empezar a buscar alternativas hay que entender que no todo el capital ni todos los recursos son iguales así como liberarse de prejuicios en cuanto a que el crecimiento lo arregla todo, a lo sumo, debería ser un medio y no un fin y, aun así, no todos los “crecimientos” deben ser considerados iguales.

        Para ser justos, también habría que entrar a definir qué entendemos por “sostenibilidad”, pues este término está empezando a ser tan manido que para una amplia mayoría de la gente significa algo así como ser capaz de mantener un mismo ritmo de crecimiento ad infinitum… otro ejemplo más de cómo las redes de influencia neocon invaden el pensamiento popular anulando la capacidad crítica apropiándose de la buena voluntad con falacias a la vez que eliminan adjetivos indeseables (como nadie querría ser insostenible, se altera el concepto y se pone a favor de la causa… saca tu lado crítico y piénsalo).

        Algunas alternativas, incluso, provienen de liberales de pro, aunque en cuanto se salen del guión se les repudia inmediatamente. Esto ha pasado con Juan Costa, que hace unos meses escribió un libro con su alternativa, siempre dentro de un modelo de mercado y liberal y, aún así, se le puso a caldo desde el sector liberal simplemente por atreverse a decir que el cambio climático existe y es un problema real… ¿Fue por eso realmente? ¿o quizá porque proponía una revisión de lo que entendemos por crecimiento y riqueza? Sus propuestas, no sólo no se alejan sino que encumbran los mecanismos del libre mercado y tampoco critica el crecimiento sino que lo alienta. Su pecado ha sido, simplemente, cuestionar el modelo de crecimiento y proponer que hay que primar un tipo de crecimiento concreto que preserve o fomente la creación de capital ecológico, entendido éste como recursos naturales y que haga uso eficiente de los recursos.

        En realidad, simplemente, se trata de que cada actividad económica tenga en cuenta todas sus externalidades y los costes de oportunidad, es decir, que se hagan las cuentas bien. Pero como, en la práctica, esto debe traducirse en cierto nivel de regulación sobre los recursos comunes así como políticas fiscales que fomenten las actividades más “sostenibles”, algunos han visto en ello un ataque frontal a los principios del liberalismo y le han devuelto la moneda colocándole en el sector que desde este blog se pretende combatir y como tal se le ha combatido.

        Nadie de sus críticos se ha planteado si el modelo propuesto tiene sentido o no. La táctica más sencilla para ignorar sus propuestas ha sido denostar el cambio climático y, por extensión cualquier otra cosa que diga quien crea en ello, cuando, en el fondo, es una propuesta encarada a redefinir el modelo de crecimiento y el concepto de riqueza para buscar la sostenibilidad, si bien, entendida ésta como un crecimiento que pueda salvar los límites físicos del planeta a la vez que redistribuya riqueza.

        Hasta tal punto ha sido el acoso, que hace unos días dejó su escaño para volver al sector privado, aunque dedicado, precisamente a la lucha contra el cambio climático y la sostenibilidad… Un claro ejemplo de que la dictadura liberal tampoco acepta elementos díscolos.

        Puedes echar un ojo a su libro, La Revolución imparable (o comprarlo más barato aquí).

        La propuesta de Costa podría enmarcarse en lo que se viene a llamar “Economía medioambiental” que viene a ser un enfoque de la Economía que busca que Ecología y Economía puedan, no sólo coexistir, sino apoyarse mutuamente.

        Otros enfoques que proponen soluciones distintas son la Economía Ecológica que se parece a la anterior en cuanto a que distingue entre los distintos tipos de capital y recursos, si bien pone el medio ambiente por encima de todo lo demás considerando la sociedad y la economía subsistemas del mismo en tanto en cuanto no pueden existir sin el primero.

        Asimismo, asume que la Tierra tiene límites físicos y, por tanto, el crecimiento indefinido no sólo no es posible sino que a parir de un punto el crecimiento se vuelve “antieconómico” por lo que se enfoca en la búsqueda de un estado estacionario que, en lugar de buscar incrementar el PIB, maximice la estabilidad y el bienestar a la vez que mantenga la economía dentro de los límites de la sostenibilidad del planeta, entendida esta tal como lilmitar el consumo de recursos a los que la Tierra pueda renovar y no contaminar más de lo que la Tierra pueda absorber. Como ves, una herejía en toda regla contra el modelo liberal neocon.

        Un par de artículos de uno de sus promotores, Herman Daly, quien por cierto trabajó en el World Bank (templo liberal por excelencia), pueden ampliarte la información sobre esta propuesta: Economics in a full world (2004) y A Steady-State Economy (abril 2008).

        Finalmente, a quien dice que los límites ya están tan sobrepasados que, incluso, ese estado estacionario es imposible en las condiciones actuales y primero hay que pasar por una fase de decrecimiento en la que, a la vez, se compense a los países en vías de desarrollo por las deudas ya contraídas por la explotación de sus recursos en pro de nuestro desarrollo. Algunos de los partidarios de esta alternativa, incluso, no lo plantean como una opción y piensan que el decrecimiento vendrá, lo queramos o no, por lo que lo más inteligente sería asumirlo voluntariamente y pilotarlo en la medida de lo posible.

        Como ves, hay alternativas más allá de la economía neoclásica liberal, desde algunas que simplemente la redefinen manteniendo la esencia hasta otras más extremas.

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