El fracaso de Copenhague (y Nagoya, y Río…) se repetirá en Cancún

Recogemos la opinión de José Luis Vidal Coy, blogger de Cuarto Poder, como bien podríamos haber recogido la de otras decenas de analistas que ven en el horizonte una cumbre inútil (más).

Cuando llega el momento de firmar acuerdos reales en torno a temas ecologistas salen de verdad las trabas políticas que impiden a los Estados tener la conciencia que dicen tener. A todos se les llena la boca de buenas intenciones y frases emocionantes, pero lo cierto es que bajo ese manto verde de consenso hay un montón de problemas. La ecología es una ideología falsa porque sólo diagnostica problemas. Cuando se mete a hacer política se ve obligada a bajar a la tierra y mancharse las manos, como todas las demás, tal y como ocurre en Alemania.

El primero y verdadero signo inequívoco de que algo no marchaba bien, en cuanto al establecimiento de acuerdos reales, y no ficticios, fue en lo que podríamos llamar “previa” a la de Cancún: la Cumbre de la Biodiversidad celebrada en Nagoya hace pocas semanas. Aquí mismo se dio cuenta de que esa reunión en Japón acabó sin nada tangible que sirviera para la protección efectiva de las especies. Y digo bien “tangible”, porque declaraciones de intenciones hubo unas pocas. Pero eso no entra en otro terreno que el de la intangibilidad.

Y es que las alternativas reales no caben en un eslogan.

¿Menos petróleo? Muy bien: ¿cómo?

¿100% de renovables en 2030? Muy bien: ¿cuáles?

¿No rotundo a la energía nuclear? ¿Por qué?

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5 respuestas a El fracaso de Copenhague (y Nagoya, y Río…) se repetirá en Cancún

  1. dustin dijo:

    Probablemente la cumbre de Cancún acabará en un fracaso, como las anteriores o incluso peor ya que el contexto económico mundial está más deteriorado y las soluciones cortoplacistas chocan frontalmente contra las soluciones a largo plazo a pesar de que las primeras dinamiten nuestras posibilidades futuras.

    Esta situación, en cambio, no debería ser motivo de congratulación de nadie. Desde este blog y el sector que represente parece verse como una victoria lo que es, en realidad, un gran fracaso de la humanidad. Nuevamente, no entro en cuestionar el asunto climático sino el deterioro y agotamiento de los recursos y la huida hacia adelante que supone permanecer en la línea habitual a toda costa.

    El cambio, no lo dudes, se producirá. La cuestión es si lo controlaremos nosotros (el ser humano) o seremos arrastrados. Cuanto más tardemos en darnos cuenta de la insostenibilidad de nuestro modelo, menos posibilidades tendremos de realizar un cambio no traumático. Pequeñas renuncias hoy podrían suponer gran diferencia en el futuro pero aquí nadie se baja de la burra, como bien reflejan tus cuestiones finales. Respondo a ellas.

    ¿Menos petróleo? Muy bien: ¿cómo? : Esta no me preocupa pues será por activa o por pasiva y la pasiva ya ha comenzado.

    ¿100% de renovables en 2030? Muy bien: ¿cuáles? : La cuestión que deberías plantearte es cuánto crees que será ese 100% de energía disponible en 2030. Si crees que será más que el 100% de hoy las renovables no te darán la solución. Dando la vuelta a la tortilla, la segunda pregunta entonces es ¿con qué crees que cubrirás la parte imposible de cubrir con renovables? ¿a qué precio? ¿por cuánto tiempo más?

    Éste es el principal problema del enfoque cortoplacista, realizar comparaciones con la situación actual y pensar que hay que apostar por lo que “hoy” es más rentable sin pensar en si eso dilapida las opciones futuras.

    ¿No rotundo a la energía nuclear? ¿Por qué? : en mi caso particular no es un no rotundo, simplemente considero que hay datos más que suficientes (el propio Libro Rojo de la industria nuclear, por ejemplo) para considerar que adolece de los mismos problemas que el petróleo en cuanto a lo limitado del combustible. Por otra parte, la cadena de aprovisionamiento del combustible tendrá muy difícil su supervivencia sin el subsidio energético barato del petróleo y, finalmente, la gestión del residuo no es algo que podamos considerar resuelto durante toda su vida activa.

    Hay que entender que para que la energía nuclear (o cualquier otra) sea una fuente real de energía, debe proporcionar más energía de la que consume (todo su ciclo de vida y todas las actividades que en él se realizan, no sólo la parte que interesa al que la vende) pues, en caso contrario, sería un sumidero energético. Con esto en mente y haciendo los cálculos bien, los más optimistas dejan poco margen para que la nuclear cruce el límite y empiece a costarnos más energía de la que nos da. Por tanto, su empleo sólo estaría justificado para buscar la siguiente alternativa.

    ..y luego la siguiente, y la siguiente…. el suministro con no renovables se convierte en una carrera sin fin a la búsqueda de fuentes cada vez más caras y menos eficientes que sólo suponen ganar un poco más de tiempo. La fusión nuclear sería la excepción… pero ni está ni se la espera en el margen de tiempo que tenemos.

    Por más vueltas que le des, las renovables es lo único que nos quedará para un futuro cercano más que incierto. Flaco favor hacemos a la humanidad denostándolas hoy. Es posible que la cuestión futura no sea si preferimos renovables a otras, sino, simplemente si queremos algo de energía o nada.

    • Saludos dustin,

      Nosotros señalamos con el dedo y gritamos que Cancún fracasa, no disfrutamos del fracaso. Es como si en mitad de un partido de tenis saltara un malabarista a la pista. Por muy buenos malabares que haga, el juego es distinto, y él no estaba invitado.

      Ahora, nuestra visión del tenis y la tuya son distintas. El ser humano ha demostrado capacidad de adaptación. Aquí no creemos que el cambio vaya a ser un naufragio, sino un progreso.

      • dustin dijo:

        Permíteme que te corrija, si algo hace que aún no me haya dado por vencido es, precisamente, que por encima de todo creo en la capacidad de adaptación del ser humano.

        Sin embargo, no veo el enlace lógico entre “adaptación” y “progreso”. Al contrario, lo que tú llamas “progreso” suele requerir de poco o ningún esfuerzo de adaptación… cualquiera puede acostrumbrarse en seguida a vivir mejor. El problema viene cuando hay que adaptarse a peor. Desde luego, el ser humano puede hacerlo. Lo único que cuestiono es que ese “peor” será “peor” cuanto más tarde nos pongamos a ello… y adaptarse no significa que la cosa vaya a salir “gratis” (en términos de coste humano, no sólo económico).

      • Parece que nos estamos metiendo en un debate semántico sin final claro. Tendríamos que ponernos a definir que entiende cada uno por ‘adaptación’, ‘progreso’, o lo que es más aterrador y difícil todavía… ponernos de acuerdo en qué quiere decir ‘peor’!!!!! Ahí es donde veo yo la diferencia más clara.

        Si te he entendido bien otros comentario, para ti peor supone recortar drásticamente el consumo tal y como lo entendemos hoy desde una perspectiva occidental. Pero entonces habría que preguntarse si el ‘peor español’ es un ‘mejor indonensio’ o un ‘mejor indio’. O definir si nos referimos al ‘mejor’ o ‘peor’ a nivel macro o micro. Si yo me voy a quedar sin mi Nesquik, mi pantalla plana y mi moto, o si estamos hablando del acceso a una vivienda digna. Pero, ¿y si a la hora de hablar de ‘mejor’ incluimos ‘más sostenible’? Entonces la discusión se convierte en la pescadilla que se muerde la cola!!!!

        Ahí es donde finalmente residen todas las grandes diferencias entre la gente. Casi nadie hace lo incorrecto deliberadamente, son las versiones de lo correcto lo que entra en conflicto.

        (Por cierto: adaptación y progreso, por ejemplo, casan en un contexto de mayor eficiencia)

  2. dustin dijo:

    Tienes razón, hay matices semánticos. Mi “peor”, inicialmente, intentaba ser empático pues para mí consumir menos no es necesariamente peor y si tu “mejor” significa alcanzar un estado de sostenibilidad, entendido éste no como “crecer indefinidamente al 3%” sino como no consumir más de lo que la Tierra puede reponer y no contaminar más de lo que puede absorber, entonces también estamos de acuerdo, pero debes entender que esa mejoría implica un empeoramiento inicial al que hay que estar dispuesto.

    Ese “empeoramiento” es, efectivamente, relativo a lo que tenemos hoy, pero mucho más contundente que las minucias de las que hablas. El ser humano de a pie lo notará especialmente a nivel micro, pues posiblemente el nivel macro dejará de tener interés al carecer de medios para solucionar nada perdiendo totalmente su relevancia ya que todo volverá a un nivel mucho más local.

    Seguramente nos quedaremos sin coche privado, y olvidarnos de irnos de puente y fin de semana, también de vacaciones ultramar, eso será una vez en la vida y no querrás desaprovechar el viaje pasando una sola semana… Por cierto, la mayoría de los mortales harán este viaje en barco o en zepellin actualizado.

    Tendremos que acostumbrarnos a que las “cosas” en general no estén todas en la tienda y haya que pedirlas y esperar a que lleguen, pero esto no será mucho problema porque todo será mucho más caro y, seguramente, el crédito muy limitado por lo que el mayor tiempo lo pasaremos ahorrando antes de comprarlas. Tendremos que “estirar” las cosas todo lo que se pueda y acostumbrarnos a “arreglarlas” en lugar de tirarlas. Habrá que ser más eficiente, sí, pero para no para conseguir mantener el nivel actual con menos energía sino para conseguir, por ejemplo, que un ordenador te dure diez o más años.

    Olvídate del aire acondicionado y de la calefacción a tu disposición permanentemente. Tendremos, quizá, que acostumbrarnos a que “la luz” esté disponible sólo unas horas al día y el agua con muchas limitaciones y, nuevamente quizá, con grandes dudas sobre la salubridad para consumo directo. La higiene y la salud posiblemente serán los puntos donde más notemos ese empeoramiento, pues las limitaciones en higiene incidirán en el aumento de las infecciones y enfermedades a la vez que el detrimento de los medios de atención de salud impedirá los correctos tratamientos.

    Tendremos que comer carne cuando “haya”, muy de vez en cuando, y la fruta y verdura que “toque”, según temporadas y disponibilidad real. Eso si conseguimos producir comida en cantidad suficiente para toda la gente y todos los días…

    Seguramente todo esto te parece imposible e impensable. Si es así, desearía que tuvieses razón. Ésta es la versión intermedia, la pesimista pasa por unas cribas iniciales en forma de guerras, hambrunas y otras catástrofes que diezmen la población.

    Pero, hay esperanza, la optimista es la que nos puede dejar con lo suficiente para vivir dignamente, sin lujos pero sin grandes sufrimientos, ahora bien, para ello debemos diagnosticar adecuadamente el problema, concienciarnos y ponernos las pilas pronto. Cuanto más tardemos más nos acercaremos a las versiones chungas.

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